El impacto de la inteligencia artificial en la odontología
Más allá del consultorio: qué cambia para la profesión, para el acceso a la atención y para la formación.
Casi todo lo que se escribe sobre inteligencia artificial en odontología mira el consultorio: qué herramienta comprar, qué detecta, cuánto ahorra. Es una mirada corta. El impacto más grande no está ahí, sino en el nivel de la profesión y del sistema de atención. El White Paper de la FDI dedica varias secciones a eso, y vale la pena mirarlas.
El problema de fondo: faltan odontólogos donde hacen falta
La FDI identifica la fuerza de trabajo como uno de los desafíos centrales de su estrategia Visión 2030, y el problema tiene dos caras opuestas. En los países de ingresos altos, el envejecimiento de la profesión anticipa jubilaciones masivas y menos profesionales disponibles para una población con necesidades sostenidas. En los de ingresos bajos y medios, el crecimiento de la población supera la capacidad de formar profesionales al ritmo necesario.
En los dos casos el resultado es el mismo: no alcanza, y además está mal distribuido. Ese es el telón de fondo contra el que conviene leer todo lo demás.
Acceso: la promesa más interesante
Si hay una razón para el optimismo, es esta. Herramientas de análisis y comunicación a distancia permiten extender el alcance de servicios que hoy llegan a poca gente o directamente no llegan. La FDI habla de vincular servicios comunitarios con la práctica clínica mediante intercambio de datos, y de aumentar la asequibilidad, la accesibilidad y la equidad de la atención.
En una región con las desigualdades de acceso que tiene la nuestra, la diferencia entre que una herramienta llegue a una clínica pequeña de una ciudad chica o se quede en los grandes centros no es un detalle técnico. Es una decisión sobre a quién se atiende.
Un cambio silencioso en la fuerza de trabajo
El White Paper describe tres efectos sobre la profesión que no suelen aparecer en las notas de divulgación.
- Planificación: cruzar encuestas de salud bucal con datos poblacionales y geoestadísticos permite estimar dónde y cuánta atención va a hacer falta, en unidades accionables y no en promedios nacionales.
- Diversificación: sistemas de apoyo permiten modelos de atención más modulares, donde profesionales de distintos niveles de competencia trabajan de manera conjunta, en el consultorio o a distancia.
- Objetivación: la calidad del trabajo dental se vuelve más medible. La FDI menciona, sin rodeos, que las aseguradoras ya emplean inteligencia artificial para detectar tratamientos deficientes y reclamos fraudulentos.
Esa última merece atención de quien ejerce. Que un tercero pueda evaluar automáticamente tu trabajo es un cambio grande en la relación con los financiadores, y está pasando ya.
Formación: el cuello de botella
Acá el diagnóstico de la FDI es incómodo y honesto: la fuerza de trabajo dental actual muestra una alfabetización digital limitada. El ingreso a la carrera exige competencias en ciencias biológicas y procedimientos clínicos y técnicos, y la formación se concentra en eso. Los conocimientos matemáticos e informáticos rara vez se exigen o se reflejan en el plan de estudios.
El resultado es una profesión a la que se le está pidiendo evaluar tecnologías que su formación no la preparó para evaluar. Por eso la FDI recomienda desarrollar un currículo troncal sobre inteligencia artificial y que los educadores lo enseñen en grado y posgrado. Ese currículo existe, publicado en 2023, y organiza los contenidos en cuatro dominios: conceptos básicos, aplicaciones, evaluación y cuestiones críticas.
Lo que todavía es promesa
Se habla mucho de una odontología personalizada, precisa, preventiva y participativa, capaz de anticipar el riesgo de cada paciente. La FDI es prudente al respecto: los modelos predictivos actuales tienen precisión y generalizabilidad limitadas, en buena medida porque los conjuntos de datos con los que se entrenan son pequeños y provienen de pocas fuentes. Textualmente, sigue siendo una promesa del futuro.
Y hay un obstáculo poco glamoroso que condiciona todo lo anterior: los datos de salud están en compartimentos que no se comunican entre sí. Mientras no se resuelva la interoperabilidad, buena parte de lo que se anuncia no puede construirse, por más que la técnica esté disponible.
El punto que me parece más importante
El White Paper cierra con una idea que conviene subrayar: que esta transformación salga bien no está garantizado. Depende de decisiones, y muchas de ellas se están tomando ahora, en las facultades, en los colegios profesionales, en las empresas y en las políticas públicas. Si la profesión no participa de esa conversación, otros van a decidir por ella cómo va a ser su trabajo.